domingo, 2 de mayo de 2010
Obesidad infantil: cómo frenar la compulsión de comer de más
Obesidad infantil: cómo frenar la compulsión de comer de más
Los tratamientos no deben apuntar sólo al control de la comida
Por: Eva Rotenberg para diario La Nación (4/9/2004)
La obesidad infantil es un trastorno en la alimentación que involucra tanto lo biológico como lo emocional, y presenta diferencias con la obesidad de los adultos. Aunque tiene su manifestación en lo físico, la ansiedad que lleva a la ingesta compulsiva, igual que el sufrimiento que vive provocado por la discriminación, es de orden emocional. Los padres desean ayudarlo, lo ven sufrir, no pueden sin embargo hacer ellos por su hijo lo que a él le resulta tan difícil, cuidarse con la comida. Entonces, ¿cómo ayudarlo?
Este trastorno no puede pensarse fuera del vínculo y en este sentido involucra a los padres en las causas y el tratamiento. Esto no implica culpables. Cada uno tiene su propia historia y muchas veces pese a que se quiere hacer todo lo mejor, por diversos motivos el hijo puede no recibirlo de esa manera.
La obesidad surge como procedimiento defensivo. Por un lado como autocalmante de la ansiedad y de la sensación de vacío, y por otro como modo de recubrir el aspecto de la personalidad sentido como desvalido. Por debajo de un cuerpo más robusto, un niño obeso esconde mucha fragilidad frente a la cual come compulsivamente tratando de llenarse la panza, de llenar un vacío que no se llena con comida porque es un vacío de otra cosa.
Los padres intentan controlar la ingesta del niño escondiendo la comida o sometiéndolo a dietas que no puede cumplir y que lo hacen sentir diferente del resto; el hijo no responde a su ideal. Creen que lo pueden ayudar ejerciendo un control de la comida, pero se encuentran con la realidad: el cuerpo del niño no les pertenece, no pueden controlarlo, esto provoca impotencia.
La obesidad como defensa no es un pedido de control, sino la expresión sintomática de una necesidad de contención.
Con el control de la comida se coloca al niño en una situación paradójica: si obedece al deseo de los padres de no comer entra en un vínculo de sometimiento en el que pierde el dominio de su cuerpo. Si desobedece y come se encuentra con la mirada rechazante de los padres. En ambos casos, no se comprende el porqué de la compulsión.
Así queda cada vez más fijado en una situación imposible: tiene ciclos en los que complace a sus padres y otros en los que responde a su voluntad, pasando del control al descontrol. Siente que si obedece es bueno; si no, es malo. Como no puede sostener mucho tiempo esta situación, piensa que siempre desilusiona a los padres.
Los tratamientos que tratan individualmente al niño, ya sea apuntando a un régimen de comidas o a lo emocional, frecuentemente fracasan porque sólo tienen en cuenta un eje del problema, pero no incluyen la interdependencia afectiva padres-hijo, cercenando toda posibilidad de comprensión acerca del origen y sostén de la obesidad.
Por eso hay que ayudar a los padres a que interrumpan el círculo vicioso. Sintiéndose contenido, ningún niño precisa comer y comer sin límites que le indiquen la saciedad. Están muy pendientes del deseo del otro y para sentirse satisfecho hay que poder registrar las sensaciones del propio cuerpo. Si desvaloriza lo que siente, deja de escucharse y de escuchar a su cuerpo.
El proceso terapéutico permite a los padres desarticular el círculo vicioso patógeno, para así descubrir un nuevo modo de vincularse con el hijo estimulándolo en el desarrollo de su personalidad, no sólo enfocando el problema de la comida que es consecuencia y no causa.
Por Eva Rotenberg Para LA NACION
La autora es especialista en niños y adolescentes. Directora de la Escuela para Padres ( http://www.escuelaparapadres.net/ ).
¿De dónde vienen los bebés?
Escuchaste esa pregunta y no supiste qué responder. Te damos algunas pautas para que sepas cómo hablar de sexo con tu hijo.
(Nota publicada en la revista Para Ti Mamá)
Nosotros que te quisimos tanto…
“Cuando el niño pregunta cómo nacen los bebés, en realidad, son dos preguntas las que está haciendo. Aunque los papás no se den cuenta, están preguntando, además de cómo nacieron los niños en general, cómo nacieron ellos, y cómo se creó el mundo”, indica la Lic. Eva Rotenberg, psicóloga, directora de la Escuela para Padres, y aconseja responderles directamente lo que están listos para escuchar: pura y exclusivamente cómo fue su nacimiento. Sostiene que al hacerlo es imprescindible hacer hincapié en lo afectivo: cuánto lo desearon, cómo lo esperaron y lo felices que son por tenerlo.
Bien precisos
Con respecto al vocabulario que se debe utilizar ante este tipo de preguntas, recomienda usar palabras sencillas, de acuerdo a la edad y realidad de cada familia. “Por ejemplo se podría decir: `Cuando una mamá y un papá se quieren mucho, deciden tener un bebé. Se necesita algo del papá y algo que pone la mamá para que nazca el bebé. Pero antes de nacer tiene que permanecer muy cuidadito durante nueve meses, dentro de la panza de la mamá. Es como un nidito interno´”, explica la licenciada. Pero agrega que más adelante pueden seguir preguntando, buscando más detalles: “¿Qué pone el papá?”.
Entonces, la respuesta será, `lo que pone el papá se llama semen (contiene espermatozoides) que se une con algo que tiene la mamá, que se llama óvulo´”, indica la especialista.
¡Que pregunte!
La Lic. Rotenberg pone énfasis al afirmar: “Es normal que los chicos hagan preguntas de sexo. Es más, que no se preocupen por saber debería llamar la atención. Si no lo hacen, es porque tienen alguna inhibición o sienten que es un problema para sus padres. Las preguntas son diversas porque todo el mundo es nuevo para ellos. Que sus hijos se animen a seguir indagando dependerá de la importancia que los padres le den al tema y de cómo respondan”, manifiesta la psicóloga.
“Si un niño nunca pregunta nada, hay que estimularle la curiosidad: `Viste que esa señora está esperando un bebé?´. Mostrándole que no es malo preguntar, y que su mamá y su papá le pueden contestar”, recomienda la especialista, y sostiene que los libros de sexualidad para chicos son buenos, pero siempre que funcionen como guía para los padres; que los ayuden a ver las ilustraciones y procesarlas.
Verdad a medias
La psicóloga cuenta que algunos padres creen que no ser específicos es mentir y que, por ejemplo, no están de acuerdo en decirles que el papá le pone una semillita a su mamá. “Prefieren decirles que el papá les pone el pene a su mamá en un agujerito. No tienen en cuenta que a veces no es fácil escuchar la verdad. Hay maneras acordes a los chicos para explicarles las cosas. Un nene chiquito, al no conocer la vivencia de las relaciones sexuales, la excitación y el deseo, no está preparado para acceder a algunas palabras del vocabulario de los adultos, hasta les pueden dar asco. Puede ser traumático darle más información de la que necesita. Incluso, cuando son muy pequeños, los nenes y las nenas sienten vergüenza al estar juntos y por eso no lo hacen casi nunca. De a poco, con el paso del tiempo y por sí mismos deben descubrir algunas cuestiones vinculadas a la sexualidad. No es que no hay que decirles la verdad, sino que no hay una sola manera de decirla”, indica.
¡Siempre atentos!
Años atrás, cuando el “sexo” era un tema tabú, muchos acudían a la fábula de la cigüeña. La especialista sostiene que lo único que generan es que el niño luego desconfíe de sus padres y les pierda confianza. “Es fundamental que los padres estén preparados para las preguntas que les puedan hacer sus hijos, y que no los sorprendan. Pero si no llegaran a saber cómo responder, pueden decirles que saben la respuesta, pero que van a pensar cómo explicárselo. Eso sí, no deben olvidarse de responderle, ya así sólo se logrará que no vuelva a preguntar, se guarden todas sus dudas y se las respondan solos y tal vez equivocadamente”, concluye la psicóloga.
Un tabú que perdura
Un estudio de la Fundación Integra, de Chile, reveló que para el 40% de los padres lo más difícil de la crianza es explicarles el acto sexual a sus hijos. Aseguran que tienen grandes dudas acerca de cómo hablarles de sexo y que incluso sienten vergüenza de hacerlo. El 35% admite que sus hijos reciben información de sus amigos y el 20% de la televisión. Aunque prácticamente todos consideran que es necesario conversar sobre sexualidad con los niños. Por otra parte, la investigación constata una gran contradicción: desean hablar de sexualidad con sus hijos, pero se sienten muy carentes de información para hacerlo y eso los hace inseguros. El 77% de los encuestados manifestó que nunca habían recibido información sobre sexualidad infantil y una cifra cercana sostuvo que jamás habíanconversado de sexualidad con sus padres. Y de los que sí hablaron con ellos, lo hicieron principalmente con sus madres, confirmando que históricamente estas responsabilidades educativas las ha concentrado la mujer.
Asesoró: Lic. Eva Rotenberg, psicóloga, directora de laEscuela para Padres, M.N. 3.493.
viernes, 10 de agosto de 2007
Nota sobre Padres e Hijos en diario La Capital de Mar del Plata
"Los padres que desarrollan el potencial afectivo se pueden conectar con los hijos"
Fundó una "Escuela para padres" con el fin de acompañar a los adultos en la crianza de los hijos. Propone que los mayores estén atentos a los síntomas que puedan generar futuros conflictos. Habla de cómo prevenirlos y de la necesidad de que el discurso paterno coincida con la acción.
(Diario La Capital de Mar del Plata)
18.06.07
por Paola Galano
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paolagalano@lacapitalmdq.com.ar
Dicha a modo de resignación, una vieja frase resume el espíritu que reina entre los mayores que conviven con hijos pequeños o adolescentes: "Nadie te enseña a ser padre". El dicho aparece frente a situaciones que suelen dejar a los padres sin respuestas: hijos que no se quieren bañar, que no cumplen con las tareas escolares, que sienten miedos diversos o tienen fobias, adolescentes que viven en una sempiterna guerra con sus padres, jóvenes que terminan el secundario y no saben qué hacer con sus vidas, entre muchos otros...
Para que los padres puedan anticiparse a estas complicadas situaciones que se viven puertas para adentro, la psicoanalista Eva Rotenberg, autora del libro "Hijos difíciles, padres desorientados", propone detectar a tiempo los síntomas de los futuros conflictos y evitar que estos dilemas, por pequeños que sean, terminen siendo gigantes y conviertan al hijo en una persona con serias dificultades para enfrentar el mundo.
Desde su "Escuela para padres" que montó en Buenos Aires, la especialista que tiene más de veinte años de experiencia en temas de familia propone "ayudar a los padres a resolver los problemas a medida que se vayan generando", señala en una entrevista telefónica con LA CAPITAL. "Porque todos los seres humanos tenemos problemas, lo que enferma es la respuesta que los padres les dan a los problemas de los hijos".
Y agrega: "La angustia es inherente al ser humano, los miedos los puede tener cualquier chico y son normales, pero hay que ver qué es lo que pasa en la familia con estas situaciones de los hijos: si les gritan, si los asustan más, si los padres se pelean o si se enojan porque el chico no es valiente o si lo tranquilizan. De acuerdo a la respuesta de los padres se lo va a tranquilizar o se lo va a enfermar más. Una persona psicótica es una persona que fue normal, que nació normal y que el medio familiar fue enfermando. Porque la enfermedad mental no es algo localizado en la cabeza, se genera en los vínculos. Hay vínculos que enloquecen y hay vínculos que ayudan al crecimiento mental".
- ¿Cómo ve a los padres?
- Se sienten muy solos con toda las responsabilidades que tienen, tanto el hombre como la mujer tienen que trabajar, llevar adelante la economía y la familia. Y los hijos son una gran responsabilidad. Por un lado se sienten con mucha exigencia y por otro con muchas ganas de divertirse, porque hay como una tendencia a que la vida pasa rápido y hay que divertirse. Ojo, es sano divertirse, pero creo que el exceso de irresponsabilidad termina en una descarga reactiva: en eso de "hagamos lo que se nos cante" y si tienen que dejar a los chicos en cualquier lado los dejan, como una cuestión reactiva a la sobreexigencia, como una válvula de escape.
- ¿Qué inquietud la llevó a abrir una escuela para padres?
- Dos motivos, uno personal y otro profesional. El personal porque crié tres hijos que ahora son hombres, pero cuando eran chicos no tenía a quién consultar, porque los modelos que yo tenía no eran los que me gustaban, a pesar de que mis padres fueron divinos. El pediatra no sabe mucho de lo emocional y sólo da pautas. Y a los psicoanalistas la gente los consulta cuando tiene un conflicto ya instalado, pero no había un espacio donde acompañar a los padres en el crecimiento de sus hijos. Yo suelo atender patologías mentales severas: cuando la gente viene con un hijo psicótico o drogadicto se lo ayuda y se lo puede cambiar pero ese proceso tarda años y se pierde tiempo de la vida de las personas. Por eso decidí que mi equipo de profesionales acompañara a los padres en la crianza.
Mensajes no hablados
- ¿Existe una desconexión entre los padres y los hijos?
- Hay un tema generacional, hay una brecha generacional, eso siempre fue así, pero los padres que tienen desarrollado el potencial afectivo se pueden conectar con los hijos. En cambio hay padres que tienen una vida muy difícil, que para sentirse más fuertes tratan de no sentir, porque el no sentir les sirve en el mundo laboral. Y en la familia eso no sirve.
- ¿El potencial afectivo se agota en los besos y expresiones de amor?
- Un padre o una madre les pueden decir a los hijos que los quieren, que son lo más importante del mundo, que son inteligentes, pero hay mamás que se preguntan "cómo mi hijo se puede sentir tan desvalorizado si le digo todas esas cosas". Esa misma señora pone cara de impaciencia y hace gestos cuando su hija intenta atarse los cordones, de acuerdo a un ejemplo que cito en mi libro. Entonces la nena se siente tonta. La confianza en uno mismo y la autoestima no se siente por lo que los padres dicen sino por las actitudes, se da por un mensaje que no es solamente hablado.
- ¿Es el metalenguaje?
- Si coincide el metalenguaje con el lenguaje y con la expresión de cariño ahí hay una sintonía, crece un chico sano y es una familia armónica. La formación del sí mismo se genera a través del inconsciente, no a través de lo que los padres dicen sino de lo que los padres sienten y transmiten.
- En su libro habla de la importancia de la prevención. ¿Hay alguna forma de prevenir los conflictos familiares?
- Sí, primero no pensar que los chicos les hacen las cosas a propósito a los padres. Cuando los padres piensan eso empiezan a reaccionar reactivamente y a imponerse de modo autoritario y se acrecienta el malestar. Hay que cuidar la cabeza porque una vez que alguien tiene un brote psicótico es difícil volver para atrás. No es cuestión de imponerse, de querer tener razón y de que el chico obedezca a la fuerza. Es un arte, los padres tienen que hacer que los chicos obedezcan con un buen clima, sin regalos ni recompensas pero por amor, un chico que se siente querido hace caso por amor, porque tiene miedo que el padre no lo quiera. Cuando el chico le perdió respeto al padre es porque hay algo mal. Y en ese caso es bueno consultar. Es mejor una consulta temprana que cuando los hijos tienen 18 y ya tienen una autonomía instalada.
Prevenir desde el nacimiento
Un chico que viene con una infancia con conflictos podría desarrollar en su adolescencia un brote psicótico, señala Rotenberg. "En lunfardo, significa que se rayó, que tuvo una ruptura con el orden lógico, y ya no le importa nada. Recuperar eso lleva años de tratamiento".
La psicoanalista indica que en la adolescencia los problemas de vieja data se acrecientan debido a que el chico se tiene que "enfrentar con el mundo adulto", lo que implica "hacerse cargo de sí mismo, de la sexualidad, del trabajo, de la economía y si no siente que tiene recursos internos se da cuenta de que no puede y ahí se arma".
Para que la adolescencia se transite con la menor cantidad de problemas, Rotenberg sugiere una buena infancia. "La adolescencia empieza en el nacimiento, no a los 15 años, por eso es necesario que los padres vayan registrando los síntomas, esa es la mejor prevención", señala.
Entre los síntomas que la psicoanalista destaca como llamados de atención se encuentran, cuando son bebés, "los problemas de alimentación, de insomnio, de llanto continuado o los casos en que un chico no puede jugar solo o no se lleva bien con los compañeros del jardín. Y durante la primaria los chicos que no le hacen caso a la maestra y los que no se hacen responsables, los que no se quieren levantar a bañar ni se visten solos. Eso no es normal", señala.
Las consultas más comunes
"No hay un solo motivo de consulta", cuenta Rotenberg a partir de la experiencia adquirida en su "Escuela para Padres". "Los miedos son un motivo muy frecuente. Hay padres que tienen miedo a los hijos adolescentes, pero durante la primera infancia muchos chicos le tienen miedo a la noche o a la oscuridad. Otro punto es el de la agresividad, el caso de chicos de los que los maestros se quejan porque son agresivos. También se ve una falta de adaptación a otros chicos, problemas de aprendizaje y chicos obsesos. Y en la adolescencia, específicamente el problema de la droga. Cuando terminan la secundaria, muchos no saben qué estudiar y a otros les cuesta poder terminar la secundaria", cuenta.
lunes, 7 de mayo de 2007
La Escuela Para Padres en Revista Rumbos (Enero 2007)
Escuela para padres
El psicoanálisis multifamiliar con sesiones que reúnen a grupos de padres que reflexionan juntos, se revela como una herramienta útil para resolver problemas en la crianza de los hijos
El departamento del barrio de Palermo donde dos veces por semana se reúnen los grupos de la Escuela Para Padres, que dirige la psicoanalista Eva Rotenberg, es de lo más cálido. Hay una estantería doble plagada de libros, un escritorio con una computadora donde Eva se sienta a responder los e- mails que recibe en su página web (www.escuelaparapadres.net) y allí mismo también hay un bowl repleto de caramelos que hacen las delicias de los chicos, que a veces van con sus padres a las sesiones, e inclusive de los mismos padres que en ocasiones los comen para calmar sus propias ansiedades. El amplio ambiente donde se realizan las sesiones tiene un par de grandes y cómodos sillones, varias sillas, una enorme ventana con vista a la calle arbolada, y al lado una habitación, que además de tener juegos y elementos de dibujo para los chicos, siempre tiene la puerta abierta para que ellos entren y salgan de allí a piacere, a veces para mostrarle uno de sus dibujos a Eva, quien los analiza luego, y otras para escuchar o comentar algo en plena sesión, pero siempre con total libertad. Es que este es, justamente, el espíritu de las sesiones de la Escuela Para Padres, inaugurada hace seis años por Rotenberg, que es especialista en niños y adolescentes, en terapia multifamiliar, en patología mental severa y que inclusive formó otra escuela para padres en un colegio en Barcelona, a comienzos de los `90. Se trata de un encuentro por semana, al que van distintos grupos de padres, madres, en ocasiones también con sus hijos, y hasta abuelos/as, tíos/as solos o acompañados por sus nietos y sobrinos, para socializar sus angustias, temores, problemas, dudas o consultas que van surgiendo en el trabajo cotidiano de crianza de los chicos. En cada grupo puede haber hasta quince padres, como máximo, y las sesiones duran de una hora y media a dos. Cada encuentro comienza con un tema cualquiera que alguno de los integrantes del grupo trae a cuento y se convierte en disparador de la sesión que la psicoanalista coordina activamente.
“Soy psicoanalista, pero también soy mamá –dice Rotenberg- . Cuando estaba criando a mis tres hijos, que ya son grandes, me di cuenta que los padres están muy solos, y por ahí arrastran conflictos en las relaciones con sus hijos durante años sin encontrarles solución. No existía un espacio al cual acudir para charlar con otros padres e ir resolviendo los problemas mientras crían a sus hijos, y eso es justamente lo que ofrece y el motivo por el cual inauguré la Escuela Para Padres”.
La metodología de la Escuela se basa en el psicoanálisis y otras teorías, y en el psicoanálisis multifamiliar, un terreno donde Eva se especializó, ya que trabajó en diversos grupos multifamiliares al formar parte del equipo terapéutico del prestigioso psiquiatra y psicoanalista Jorge García Badaracco, creador, justamente, del psicoanálisis multifamiliar. La diferencia con ese tipo de terapia, es que en aquellos grupos se prioriza el trabajo con adultos y la resolución del conflicto o patología, una vez instalados; en cambio, la base de la escuela para padres es la prevención, es trabajar con las diversas situaciones y conflictos, no sólo para resolverlos, sino también para prevenirlos. Asimismo, se trabaja a partir de las situaciones que muchas veces los mismos papás no han elaborado de su propia infancia, y como ya se ha dicho, también pueden acudir los hijos, cuando los padres o los mismos chicos lo consideran necesario.
“Los padres, en general, son buenas personas con buenas intenciones que, como todos, a veces se equivocan –dice Rotenberg-. Entonces, sirve mucho trabajar en grupo, en vez de hacer un tratamiento tradicional. Si quieren pueden venir un par de veces y luego sienten que ya resolvieron su problema se van, no tienen que seguir un tratamiento de años, sino ocuparse de criar a sus hijos. Los grupos consiguen resultados mucho más rápido que las terapia individuales convencionales”.
En los años de vida de la Escuela, Eva ha visto de todo. Desde un bebé de tres meses que dormía mal y estaba siempre en estado de alerta, porque sus papás no le prestaban suficiente atención, hasta padres que se sienten culpables al poner límites a sus hijos, pasando también por chicos violentos, adolescentes y/o padres que tienen problemas de drogadicción, papás que consultan por la sexualidad de sus hijos, y parejas divorciadas que no saben cómo relacionarse con sus hijos, entre otras situaciones. Una mención aparte le merecen los chicos con diagnóstico de ADD o Déficit de Atención, “que en realidad son chicos con una patología emocional, que no tuvieron un sostén, un buen armado vincular, entonces son chicos hiperkinéticos porque lo que tienen es un desborde de ansiedad, no tienen nada a nivel neurológico. Hay muchos chicos medicados por tener ADD y en realidad, son chicos ansiosos. La medicación suele ser una barbaridad, es colocar al chico en el lugar del enfermo y desde allí, cada vez van a tener que darle más medicación. Muchas veces, detrás del ADD hay conflictos muy severos, inclusive, de psicosis infantil”, explica la psicoanalista.
Uno de los temas que de un tiempo a esta parte Eva vio crecer mucho en las sesiones de grupo es de la violencia en los adolescentes. “Un hijo suele expresar violencia como forma de querer cambiar a los padres, de hacerlos entender. A veces los padres entienden primero a otros hijos y a partir de eso, comienzan a entender a los suyos. Empiezan a entender que la violencia no nació en un repollo, no se da porque el hijo salió al tío loco, sino que se fue generando en la familia en los desencuentros vinculares”.
Testimonios
Paula Martínez (40) está divorciada, vive en con su hija Florencia de 13 años en Villa Adelina y una vez por semana tiene una cita que cumple religiosamente: su sesión de la Escuela Para Padres. “Empecé hace cinco años. Me estaba divorciando y mi hija, que tenía ocho, no estaba bien emocionalmente y yo no encontraba la forma de acercarme a ella. Inclusive llegó a tener un retroceso motriz que notaron en la escuela”, recuerda. Así fue como Paula llevó a Florencia a una batería de psicólogos, neurólogos y otros profesionales, hasta que un día, cansada de no ver resultados, se le ocurrió la idea de comenzar ella misma un tratamiento, con la idea de que quizá, de este modo, la podría ayudar de forma más directa. Así fue cómo se unió a uno de los primeros grupos coordinados por Rotenberg. “Al principio iba sola, después también empezó a venir ella y ahora sigo yendo sola. Ella siempre tiene la puerta abierta, y cada tanto, cuando siente ganas de contar algo, va de nuevo”. En muy poco tiempo, Paula empezó a notar cambios. “En mi angustia y en mi ansiedad estaba cometiendo algunos errores. Como ella viene de un padre depresivo yo la había encasillado como una depresiva. En la primera sesión Eva me marcó eso, y empecé a trabajar sobre la idea de que ella es lo que es, no como yo creía que era, e inmediatamente se instaló entre nosotras una comunicación más fluida”.
Tan bien le fue a Paula, que al mes de tratamiento, su hija dio muestras de un avance motriz, al dejar las rueditas de la bicicleta. Para Paula la clave del tratamiento está en que “se aprende mucho de los otros papás que cuentan sus experiencias. Es un tipo de terapia ágil, amena. Cuando yo iba a sola a sesiones de terapia convencional, era el ombligo del mundo con el peor problema. En cambio acá, se instalan los temas y se hablan, desde un lugar donde la autocompasión desaparece de plano. Además, siempre se toma todo con más humor, aparece el chiste, la ayuda, el caramelo para bajar la angustia que te provoca hablar de ciertos temas. En este momento tengo el gorrito de egresado. Flor está espectacular, me cuenta todo, nos divertimos juntas y tenemos un vínculo muy fuerte. Me parece importante seguir yendo al grupo, para acompañarla en todos los cambios que se van produciendo a medida que crece”.
Fabián Frenkel (casado, 42 años, de Olivos), uno de los papás que este año “retomó la escuela” coincide en resaltar la agilidad de este tipo de terapia. Padre de dos varones de 6 y 2 años, y dueño de una agencia de publicidad y marketing, Frenkel lo explica así: “La ventaja del grupo es que te permite avanzar más rápido, porque uno escucha otros testimonios, otros problemas y se da cuenta que por ahí el problema de uno no es tan grave o que tiene una solución mucho más sencilla de lo que uno creía y no le da tanta vuelta al tema. Es muy importante escuchar a los otros, porque te pasa que después de la sesión te empezás a dar cuenta de un montón de cosas que por ahí en el momento ni pensaste. Con mis hijos hasta el día de hoy sigo trabajando varios temas. Para mí el grupo, al que voy solo, es mi espacio, mi terapia personal”.
En los grupos, el común denominador es que todos buscan mejorar la relación con sus hijos. Para ello, claro, hay un concepto fundamental: saber sostenerlos. Algo que puede resultar una tarea difícil, si como hijos, ellos mismos no fueron sostenidos por sus propios padres.
“Muchas veces los padres no pueden sostener a sus hijos, e intentan reemplazar esta carencia, dándoles todos los gustos o por el contrario, siendo muy autoritarios y marcando límites todo el tiempo. Pero ninguna de las dos cosas es sostener a un hijo. Sostener es otra cosa, es acompañar, es respetarlo, es respetar su subjetividad, respetar su individualidad, poniendo límites, pero desde el sostén, no desde la imposición. Desde la imposición se anula y se somete a la persona y es una diferencia que la persona que no fue sostenida en su infancia, no puede reconocer. Y ahí es donde hay que empezar a trabajar. En grupo es mucho mejor, porque por ahí, un padre que no le puede poner límites a un chico de dos años, escucha la experiencia de un padre de un adolescente y probablemente algo de eso le servirá para aplicar en la crianza de sus propios hijos”, concluye Rotenberg.
Recuadro:
Los límites
En su libro de próxima aparición –“Hijos difíciles, padres desorientados; padres difíciles, hijos desorientados”- Eva Rotenberg dedica un capítulo a los límites, uno de los temas por el que más le consultan los padres. Aquí, un fragmento.
"Los límites no son controles rígidos, en todo caso, no deberían serlo. Todo lo contrario, por un lado en una buena crianza, se supone que el niño está en una etapa en la cual precisa expandirse y explorar el mundo, todo es nuevo en la infancia. Se trata de advertirle frente a lo peligroso, pero no de evitarle todo posible riesgo, porque sino, no podría subir solo al tobogán o hacer cosas de niños. Si un niño se lastima, siempre que no sea algo serio, el dolor también es una experiencia importante, porque sabrá que hay cosas que lastiman y así comenzará a tener un propio registro interno… Los límites son una guía, pero si no se van marcando desde que son pequeños, luego el niño los sentirá como frustraciones intolerables. Muchas veces los padres saben que deberían poner límites, pero no pueden, sienten culpa. Esos padres deben ser ayudados porque ese no poder es una expresión de un conflicto no resuelto…
La solución no es poner lo que se cree que son límites porque sí, con penitencias o palizas, sino ayudar a que el hijo aprenda a poder limitarse él sólo. Esto es un efecto que se logra a partir de sentirse querido, cuidado y de tolerar cierto grado de frustración. Entendiendo por cuidado, que los adultos no le permitan hacer o decir lo que le hace daño a él o a terceros, porque también es perjudicial para sí mismo.
Es decir, que aprender a cuidarse es un proceso que se va construyendo especialmente a partir de una autoestima positiva".
domingo, 6 de mayo de 2007
La Escuela Para Padres en diario Clarín (22/2/07)
CHICAS & CHICOS: TENDENCIAS ESCUELAS PARA PADRES
También los grandes van al cole
Lugares donde los papás, tíos, y abuelos aprenden a resolver algunos problemas de los chicos.
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La Escuela para Padres —creada y dirigida por la psicóloga y psicoanalista Eva Rotenberg en el año 2000— nació como un espacio de apoyo profesional a los padres. "La idea es ayudarlos a detectar qué aspecto del vínculo con sus hijos los está enfermando".
A los grupos de la escuela van mamás, papás, solos o con sus hijos, y también abuelos/as y tíos/as. Los encuentros se realizan una vez por semana y duran alrededor de dos horas. Los chicos pueden participar de la charla o quedarse en la sala infantil, donde juegan, leen o dibujan. Sus dibujos, sirven como disparador de su conducta y de la situación familiar.
Los padres pueden consultar por un bebé que no logra conciliar el sueño, por trastornos de conducta, por cómo poner límites a un hijo, entre otras cuestiones. Pero el motivo que siempre resulta preocupante son los trastornos de aprendizaje, que suelen ser detectados en el colegio. "Los problemas de aprendizaje son la punta del iceberg de otra cosa— dice Rotenberg—. Los chicos exploran todo, inclusive desde bebés ya empiezan a investigar sus manos y sus pies. Cuando no aprenden, algo le está pasando a la familia". Las raíces de este tipo de conflictos pueden ser muchas: sobreprotección, situaciones de violencia familiar, abandono o abuso sexual, entre otros. "Hoy lo que se ve mucho en los chicos de la escuela primaria, es que están muy abandonados porque sus padres están todo el día afuera en el trabajo", dice la especialista. La clave pasa por la detección temprana del problema, inclusive si son chicos que se las arreglan bárbaro con el estudio. "Siempre es importante —explica— que los papás le pregunten cómo van las cosas en el colegio, qué deberes tiene que hacer, sino ese chico va a sentir que no están interesados en él. También es importante alentarlo. Hay que buscar un punto medio: no es bueno dejar a un chico solo ni tampoco hacer todas las cosas por él”.
Información: http://www.escuelaparapadres.net/ o en el teléfono 4803-6454.